Oda al gato

Marzo 30, 2008

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Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.

Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.

                                                                        Pablo Neruda


¿Es el Japón un archipielago?

Febrero 23, 2008

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“Puente suspendido
a las plantas trepadoras
se aferran nuestras vidas”

Haiku de Matsuo Bashö (1644-1694), considerado como el mayor poeta de haiku, nació y se educó como samurai.


Panthalasa

Enero 19, 2008

valparaiso2005-144.jpg       Pablo López es un gran amigo mio. Con él compartimos el mismo amor desmedido por los libros, las películas, la arquitectura y las fiestas que nunca se acaban, o como diría él: “el arte, las minas…”. Y con él compartimos el viaje a Valparaíso. Uno de nuestro tema de conversación más frecuente son los libros y uno de los libros que con mayor asiduidad aparece en nuestras charlas es “La conjura de los necios”, a tal punto que finalmente una navidad Pablo se decidió a regalarme el libro así yo lo leía de una vez por todas y podía empezar a citarlo con cierto grado de rigurosidad.       Cuando andabamos trepando las calles de colores o mirando los barcos dormidos en la bahía, Pablo se volvió a acordar del libro. “–En el prologo –me dijo–  hay una cita de A.J.Liebling, dice que las ciudades del Golfo de México como Nueva Orleans por ejemplo, que es donde transcurre La conjura, las ciudades del Caribe como La Habana o Puerto Principe y las ciudades del Mediterraneo como Génova, Marsella o Beirut se parecen más entre si que a ninguna otra ciudad de su propio ámbito. Y que esos tres mares forman un mar homogeneo, aunque interrumpido.”    Viendo la ciudad que recorriamos, sus centenarios cementerios de piedras, sus casas de chapas de colores chillones o ya apagados por la herrumbre salitrosa, las diez mil ventanas colmadas de ropa limpia secandose al sol, los espectros de cientos de piratas que anhelaban un lugar donde morir, Pablo se convenció que Valparaiso tambien pertenece a esa tríada de mares. Desde ese día sostiene que es una ciudad del Caribe que algún desvastador huracan tropical arranco de cuajo, pero que Dios se apiado de tanta belleza y prefirió depositarla sana y salva, después de haber recorrido miles de kilometros en un lugar alejado de los vientos caribeños y cerca de nosotros.

  


Anti(p)oda al calor

Enero 15, 2008

 “La Ola” Katsushika Hokusai

Hoy es un día de calor sordo. El  crepitar del hemisferio sur bajo el sol nos ha aturdido. Ya no escuchamos nada. El calor nos llevo hacia las penumbras del sonido. Cien mil crayones rayando las paredes del despacho del inspector de obras. Es un día de calor de estanque sofocado de ranas que no pueden “La Ola” Katsushika Hokusai“La Ola” Katsushika Hokusai“La Ola” Katsushika Hokusaicroar porque morirían si lo hacen. Es el interminable ulular de las gigantes máquinas de una central termoelectrica. Tanto ruido impide oir otra cosa y de a poco ni siquiera se oye ya a esas máquinas, todo vuelve a un estado de magma original. A un silencio vacuno.

   “Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo, nací en el Equinpccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.      

  Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata”  dice Altazor (de Vicente Huidobro, Chile)

 Pero los aeroplanos son amables y el calor de hoy sale de una central termoeléctrica.

    

   


La posibilidad de una sombra

Enero 13, 2008

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sombra Una sombra puede hacer muchas cosas. Una tarde de sol sofocante puede darle refugio a los animales. En invierno indica el camino a seguir: “vamos por la veredita de sol” se oye decir y la gente se escapa de la sombra, la que habían amado y amaran cuando el giro del eje de la Tierra vuelva a dejarlos cerca del sol y los ventiladores. Los arquitectos proyectan deliciosas tardes bajo las pérgolas y su entrelazado de luces y sombras. “La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volumenes bajo la luz… bla bla bla” intenta explicar Le Corbusier con su modernismo lleno de respuestas.  Una sombra es el descanso del pie que viene por la arena caliente.  

  Una sombra puede hacer muchas cosas. Muchas. Pero nunca había visto a una sombra literalmente jugar, acercarse y alejarse, contonearse con otra sombra, con la que comparten vereda como buenos vecinos quien sabe desde cuando. Como si ya no fueran la proyección de un cuerpo sino unos seres con voluntad y deseo, que se han desprendido de su antigua condición carnal y se ponen a jugar, como los chicos, dibujando caminos de sol.

  Me hizo acordar a “Alicia en el país de las maravillas”, cuando Alicia se encuentra con el gato de Cheshire y éste aparece de la nada y le habla y después ante la mirada atónita de Alicia se va esfumando y solo queda por un instante dibujada la sonrisa del gato, pero sin el gato. A la cuarta o quinta vez que se produce la desaparición repentina del gato (con excepción de su sonrisa), ya cansada de no obtener la respuesta que esperaba (igual que Le Corbusier) Alicia se resigna y le dice: “Muchas veces he visto gatos sin sonrisa, pero nunca había visto una sonrisa sin gato”