Volviendo

Enero 27, 2008

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 Me pusé a escuchar algo de música mientras termino de hacer la tapa del disco de Paulina. De repente, Mercedes Sosa canta algo que tenía olvidado: 

        “uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida

          y  después comprende como están de ausentes las cosas queridas

         por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso

         que el amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo”

(Intento cantar y se me quiebra la voz, me contengo, vuelvo a probar, la voz se vuelve a quebrar)

La foto es una de las tantas que sacamos para ver si servía para la tapa del disco


Panthalasa

Enero 19, 2008

valparaiso2005-144.jpg       Pablo López es un gran amigo mio. Con él compartimos el mismo amor desmedido por los libros, las películas, la arquitectura y las fiestas que nunca se acaban, o como diría él: “el arte, las minas…”. Y con él compartimos el viaje a Valparaíso. Uno de nuestro tema de conversación más frecuente son los libros y uno de los libros que con mayor asiduidad aparece en nuestras charlas es “La conjura de los necios”, a tal punto que finalmente una navidad Pablo se decidió a regalarme el libro así yo lo leía de una vez por todas y podía empezar a citarlo con cierto grado de rigurosidad.       Cuando andabamos trepando las calles de colores o mirando los barcos dormidos en la bahía, Pablo se volvió a acordar del libro. “–En el prologo –me dijo–  hay una cita de A.J.Liebling, dice que las ciudades del Golfo de México como Nueva Orleans por ejemplo, que es donde transcurre La conjura, las ciudades del Caribe como La Habana o Puerto Principe y las ciudades del Mediterraneo como Génova, Marsella o Beirut se parecen más entre si que a ninguna otra ciudad de su propio ámbito. Y que esos tres mares forman un mar homogeneo, aunque interrumpido.”    Viendo la ciudad que recorriamos, sus centenarios cementerios de piedras, sus casas de chapas de colores chillones o ya apagados por la herrumbre salitrosa, las diez mil ventanas colmadas de ropa limpia secandose al sol, los espectros de cientos de piratas que anhelaban un lugar donde morir, Pablo se convenció que Valparaiso tambien pertenece a esa tríada de mares. Desde ese día sostiene que es una ciudad del Caribe que algún desvastador huracan tropical arranco de cuajo, pero que Dios se apiado de tanta belleza y prefirió depositarla sana y salva, después de haber recorrido miles de kilometros en un lugar alejado de los vientos caribeños y cerca de nosotros.

  


Silencio, mucho meditar

Enero 17, 2008

  Desde Los Parchís a John Coltrane pasando por Serrat. Desde el maldito himno a Sarmiento a Los Beatles pasando por Nick Cave (anacronismo permitido como licencia no-poética).  Desde Victor Jara a David Bowie pasando por Moris (un triangulo perfecto que te desvía en la trayectoria, ¡pero que viaje!) Desde Chet Baker a Regina Spektor pasando por Pink Floyd

 ¿Cuál es la banda sonora de nuestra vida?

 ¿Quienes serán los que están componiendo hoy las canciones que formaran parte de la banda sonora de nuestras vidas?

 Por las dudas, si quieren anticiparse, no sea cosa que hayamos tenido la oportunidad de escucharlos antes que nadie y la dejemos pasar, escuchen a Los Canadienses: http://canadiensesrosario.blogspot.com


El arco del cielo

Enero 16, 2008

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  Estabamos en el barco (donde despues iba a tener lugar una fiesta improvisada que terminó a las 8 pero parecía haber durado toda la noche). Navegabamos el río Paraguay. Nos acomodamos lejos del ruido, en la proa junto a la cabina. Charlabamos y nos narraban Paraguay. La ciudad despegada de la costa, el borde de miseria que se recuesta en la barranca, los edificios de la ciudad vieja de Asunción que alguna vez fue la segunda capital de Sudamerica (y alguna vez la primera), el puerto abandonado. Nos vamos quedando en silencio. Nicola, uno de los tanos, me mira y me pregunta señalando el cielo –¿Viste que tenía razón? Unos días antes, cuando estuvieron en Rosario, llegamos con los cuatro tanos, Carla y los Vergili a la isla en la última lancha de la tarde. Caminamos un rato y nos fuimos acercando a ver el atardecer y esperar el regreso. Ahí fue cuando Nicola me dijo “–El cielo en Sudamérica es más grande”. Yo esbozé una sonrisa y él, poniendose muy serio me dijo en un castellano trabado “–Es verdad, el arco del cielo aquí es más grande”. Me estaba queriendo decir tambien que entraban más colores de lo que nadie podía imaginarse. Y sin decirlo me estaba queriendo decir tambien que estaba siendo felíz. Ese día en el río Paraguay cuando me preguntó si yo podía darle ya definitivamente la razón no pude reirme. Me apoyé despacio en la baranda del barco y me asomé al reflejo del cielo de Nicola en el río.


Anti(p)oda al calor

Enero 15, 2008

 “La Ola” Katsushika Hokusai

Hoy es un día de calor sordo. El  crepitar del hemisferio sur bajo el sol nos ha aturdido. Ya no escuchamos nada. El calor nos llevo hacia las penumbras del sonido. Cien mil crayones rayando las paredes del despacho del inspector de obras. Es un día de calor de estanque sofocado de ranas que no pueden “La Ola” Katsushika Hokusai“La Ola” Katsushika Hokusai“La Ola” Katsushika Hokusaicroar porque morirían si lo hacen. Es el interminable ulular de las gigantes máquinas de una central termoelectrica. Tanto ruido impide oir otra cosa y de a poco ni siquiera se oye ya a esas máquinas, todo vuelve a un estado de magma original. A un silencio vacuno.

   “Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo, nací en el Equinpccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.      

  Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata”  dice Altazor (de Vicente Huidobro, Chile)

 Pero los aeroplanos son amables y el calor de hoy sale de una central termoeléctrica.

    

   


La cocina

Enero 14, 2008

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 El sábado a la tarde, a eso de las 4, me fui hasta lo de Hernan. Habíamos quedado en encontrarnos porque nuestro muchacho (que está construyendo su casa) ya había llegado al punto en el que tenía que definir la escalera, si era de un tramo o de dos, donde arrancaba y como llegaba a la planta alta, que altura debía tener, cuanto espacio ocupaba, como podía aprovechar mejor lo que quedaba abajo, etc, etc, etc.

 Estuvimos un rato dibujando y pensando con el lápiz y después nos fuimos hasta el terrenito, a ver como iba la casa y a planear in situ, la dichosa escalera. Ahí si nos quedamos un buen tiempo, “atravezados por un rayo de sol” como diría Salvatore Quasimodo, aunque vale aclarar que los rayos de sol eran muchos, no uno solo y atravezaban atravezaban y encima no se hacía de noche. Y nosotros trepamos, medimos, calculamos.

  Cuando ya me volvía a mi casa, Hernan, nuestro amigo del mundo mundial, me obsequió con uno de sus grabados. Me dió a elegir entre una serie de láminas y me quedé con este. Es la cocina de una casa en la que él vivió un tiempo, tomando mates y protegido de los rayos del sol que de mañana entraban evangélicos, anunciando el día.


La posibilidad de una sombra

Enero 13, 2008

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sombra Una sombra puede hacer muchas cosas. Una tarde de sol sofocante puede darle refugio a los animales. En invierno indica el camino a seguir: “vamos por la veredita de sol” se oye decir y la gente se escapa de la sombra, la que habían amado y amaran cuando el giro del eje de la Tierra vuelva a dejarlos cerca del sol y los ventiladores. Los arquitectos proyectan deliciosas tardes bajo las pérgolas y su entrelazado de luces y sombras. “La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volumenes bajo la luz… bla bla bla” intenta explicar Le Corbusier con su modernismo lleno de respuestas.  Una sombra es el descanso del pie que viene por la arena caliente.  

  Una sombra puede hacer muchas cosas. Muchas. Pero nunca había visto a una sombra literalmente jugar, acercarse y alejarse, contonearse con otra sombra, con la que comparten vereda como buenos vecinos quien sabe desde cuando. Como si ya no fueran la proyección de un cuerpo sino unos seres con voluntad y deseo, que se han desprendido de su antigua condición carnal y se ponen a jugar, como los chicos, dibujando caminos de sol.

  Me hizo acordar a “Alicia en el país de las maravillas”, cuando Alicia se encuentra con el gato de Cheshire y éste aparece de la nada y le habla y después ante la mirada atónita de Alicia se va esfumando y solo queda por un instante dibujada la sonrisa del gato, pero sin el gato. A la cuarta o quinta vez que se produce la desaparición repentina del gato (con excepción de su sonrisa), ya cansada de no obtener la respuesta que esperaba (igual que Le Corbusier) Alicia se resigna y le dice: “Muchas veces he visto gatos sin sonrisa, pero nunca había visto una sonrisa sin gato”